¿Qué cualidades consideras imprescindibles en un directivo hoy?
La humildad estratégica. Hemos pasado de tener que saberlo todo a crear contextos para que el talento fluya. Para mí, un directivo hoy debe ser capaz de dibujar un futuro que ilusione, pero asegurando que la estrategia y la realidad del día a día no sean dos mundos distintos. Eso solo se consigue con claridad, escucha y una ética sólida, capaz de sostener la incomodidad para proteger el propósito.
¿Qué consejo te habría gustado recibir al inicio de tu carrera?
Que no confundiera estar ocupada con aportar valor. Durante años pensé que cuanto más hacía, más valía. Con el tiempo he aprendido que lo importante no es tener una agenda llena, sino crear entornos de confianza en los que el equipo pueda dar lo mejor de sí, sin miedo y sin ruido innecesario.
¿Qué talento buscas de forma recurrente al construir equipos?
Busco generosidad profesional. Doy por descontada la competencia técnica, así que busco personas que entiendan que su éxito individual es imposible si el equipo no funciona. Perfiles que sumen, que compartan información y que tengan la madurez para priorizar el “nosotros” frente al yo o a su propia parcela.
¿Qué prioridades de talento consideras críticas para tu organización en los próximos 3 años?
Pasar de la lógica de silos a la sincronización real. Necesitamos romper las barreras internas para que lo que decimos como compañía sea idéntico a lo que hacemos y, por tanto, ser capaces de desarrollar talento…. Creo que será importante desarrollar a los equipos para que tengan visión periférica: capaces de navegar por la complejidad global, pero con la sensibilidad necesaria para conectar con la realidad local y con nuestro propósito.
¿De qué iniciativas internas os sentís especialmente orgullosos?
De haber convertido el propósito en un filtro de decisión real. Me enorgullece ver equipos que eligen el camino coherente antes que el fácil. Esa capacidad de renunciar al atajo para proteger nuestros valores es la mejor señal de madurez cultural.
¿Cómo crees que evolucionará el liderazgo en los próximos años?
Hacia un liderazgo basado en criterios y preguntas, no en respuestas. La IA nos va a dar velocidad y ejecución, pero no la dirección. El valor del líder cambia radicalmente:
dejaremos de supervisar tareas para gestionar dilemas. El algoritmo puede darte la respuesta más eficiente, pero no tiene por qué ser la más ética. Nuestro trabajo será aportar justo eso: el criterio humano donde la tecnología solo pone datos
¿Qué habilidades deberán dominar los directivos del futuro?
El discernimiento. En un mundo saturado de datos, la habilidad crítica no es acumular información, sino separar la señal del ruido. El valor de un directivo estará en ayudar a su equipo a poner el foco en lo esencial y no perderse en la complejidad.
¿Qué te inspira de la nueva generación de profesionales que viene?
Su intolerancia a la incoherencia. No buscan solo estabilidad; buscan sentido. Nos cuestionan y nos obligan a ser más transparentes. Esa presión, aunque a veces nos incomode, es la gasolina que nos obliga a las organizaciones a no dormirnos y a ser mejores.
¿Qué libro, película o referencia te ha impactado recientemente?
“El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl. Es un recordatorio eterno de que, incluso cuando todo se tambalea, tener un propósito claro es lo único que de verdad nos sostiene.
Si pudieras resumir tu filosofía profesional en una frase, ¿cuál sería?
Ningún objetivo de negocio justifica perderte a ti mismo por el camino.
¿Qué consejo le darías a un/a futuro/a directivo/a de recursos humanos?
Que se enamore del negocio, no de las herramientas de nuestra área. Para tener impacto, tienes que hablar el idioma de la estrategia. Pero ojo: tu valor diferencial no es tener el coraje de recordar que los resultados deben lograrse a través de las personas, sino a costa de ellas.










